Rundo y el colibrí

RUNDO

Conoce todo acerca del cuento de Rundo y el colibrí

Esta es la historia de un loro llamado Rundo, que vivía en un bosque muy grande y hermoso. Rundo era hijo del jefe de los loros. A este loro le gustaba mucho recorrer los caminos buscando nuevas aventuras.

Un día, se topó con un colibrí que estaba buscando néctar en un arbusto lleno de flores. En cuanto lo vio, sintió muchas ganas de reírse de él. Así que se acercó, y empezó a burlarse de él.

“Oye, pájaro. ¿Por qué eres tan enano? Eres del tamaño de un insecto, podría pisarte en cualquier momento” dijo el loro burlándose.

Pero el colibrí ni siquiera volteó a verlo, no respondió absolutamente nada. Continuó con sus actividades, recogiendo el néctar de las flores que estaban alrededor de él, Al terminar, se fue volando sin haber mirado al loro.

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Al día siguiente, el colibrí se encontraba de nuevo en un lugar lleno de flores, cuando Rundo se acercó y le dijo “Oye, pájaro. ¿Por qué eres tan enano? Pareces un ratón”.

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Esta vez, el pequeño colibrí terminó de recolectar, volteó a verlo y le dijo: “Y tú, ¿Cuál es el motivo de que seas tan grande?

“Ese es el tamaño natural de un loro, así somos” respondió orgulloso.

“Hay un animal más grande que ustedes: el halcón. ¿Tú sabes por qué es más grande?”

RUNDO

“No sé, supongo que así nació.”

“Bueno. Ahora veamos al águila. Es más grande que el halcón, pero, ¿Tu sabes por qué?”

“No sé, también nació así.”

“Y dime, ¿Tú crees que un halcón es mejor que un loro solamente por su tamaño?”

“¡Obviamente no!”

“¿Y crees que un loro es mejor que un colibrí sólo por ser más grande?”

Rudo no tenía palabras para contestarle, estaba muy avergonzado por haber considerado que su tamaño lo hacía mejor que el colibrí. Pensándolo mejor, conocía muchas aves más grandes y con más fuerza que los loros.

Después de terminar su recorrido, llegó a su casa. Al entrar, corrió a preguntarle a su padre, el rey de los loros, las dudas que le habían surgido después de conversar con el colibrí.

“Papá, ¿Los halcones son mejores que nosotros?”

“No, Rundo. Ningún pájaro es mejor que el otro” afirmó su padre.

“Los loros somos rápidos, fuertes, y podemos decir algunas palabras que los humanos entiendan. ¿Eso no nos hace mejores que los demás?”

“Es verdad que tenemos habilidades que otros pájaros no tienen, pero cada especie tiene características y habilidades que los hacen especiales.”

“Eso no es cierto. Los colibríes no tienen nada particular, sólo son pájaros muy pequeños y débiles, solo comen néctar. Ni siquiera pueden comer una semilla de girasol.”

RUNDO

“¿Tu sabías que los colibríes pueden aletear más rápido que ningún otro pájaro en el mundo?”

“¿En el mundo entero? ¿Ningún otro pájaro aletea más?”

“No, ningún otro puede. Y también tienen la habilidad de volar hacia atrás”

“¿Hacia atrás? Eso es algo que ni yo ni mis amigos podemos hacer, ¡Y si lo hemos intentado!”

“Todos los pájaros somos diferentes, y debemos respetarnos unos a otros, las diferencias son las que nos hacen especiales” dijo el padre para terminar.

Rundo quedó impactado, ¡jamás habría creído que un colibrí podía hacer tantas cosas que él no!

Al día siguiente, volvió a ir al mismo camino en donde había visto al colibrí. Le pidió disculpas por haberse creído mejor que él, y por haberse burlado de él.

RUNDO

El colibrí se puso muy feliz, había logrado que su nuevo amigo entendiera que las diferencias no importan, ellas nos hacen especiales. Y que todos los pájaros merecen respeto, porque cada uno de ellos es especial.

Por eso Rundo aprendió una valiosa lección.

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