El saltamontes y los muelles

EL SALTAMONTES Y LOS MUELLES

Cuento de El Saltamontes y los muelles

Esta historia de El Saltamontes y los muelles es una historia que nos enseña que todo tiene solución en esta vida y la importancia de los amigos.

La historia que contaremos hoy, circula por muchos lugares de la tierra, los campos y las praderas principalmente.

Esta leyenda hizo que todos supieran la verdad: los saltamontes también sienten, respiran y se ponen tristes, como todo ser vivo, a pesar de que son insectos.

Esta historia habla sobre un pequeño saltamontes que estaba muy triste. Era tan desdichado que su tristeza se dio a conocer en cada esquina del mundo.

El motivo de que se sintiera tan desdichado era que una de sus patitas era más corta que todas las demás, lo que hacía que caminara raro, o al menos diferente a los demás.

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Era un defecto que no se notaba, pero él lo percibía como si fuera tan visible que todos los demás lo notaran.

Se pasaba todo el día lamentando su condición, y sintiéndose avergonzado de sí mismo. Con esto hacía que los que lo rodeaban también se sintieran mal, porque por más que lo aconsejaban, no lograban hacerlo mejorar.

Esto era porque por más palabras de aliento que le dieran, no podían cambiar su condición física. No podían hacerlo saltar, y esto era lo único que él deseaba.

El saltamontes tenía por mejores amigas a una cucaracha muy vieja y a una lombriz. Ellas pasaban día y noche haciendo planes para conseguir que su amigo volviera a saltar.

Un día, paseaban por el bosque, cuando de repente vieron a un grupo de humanos alrededor de un coche.

EL SALTAMONTES Y LOS MUELLES

Al parecer, este se había descompuesto, así que todos los humanos estaban ocupados tratando de repararlo. Pasadas unas horas, lo lograron, y al arrancar el auto e irse, los insectos notaron que habían dejado algo en donde estaba el coche.

Intentaron correr detrás del coche para reclamarles por su irresponsabilidad, pero no lograron alcanzarlo. Al regresar hacia lo que habían dejado los humanos, notaron que eran dos artefactos que no conocían.

Así que, pensando que tal vez servirían para ayudar a su amigo, los llevaron hacia la casa de su amigo el búho.

EL SALTAMONTES Y LOS MUELLES

 Este era un ave que conocía todo tipo de artefactos de los humanos, porque había vivido gran parte de su vida junto a ellos, hasta que un día por fin había logrado escapar.

Cuando se los mostraron, el ave dudó unos segundos, y las analizó con una lupa. Después de observarlos por un rato, logró formular una respuesta.

“Se trata de los muelles de un auto. No sé muy bien cuál es su función, pero los humanos con los que yo vivía solían hablar de ellos. Tienen un resorte en la parte de abajo, que podría ayudar a su amigo el saltamontes a volver a saltar.”

En cuanto oyeron esas palabras, corrieron a darle la noticia a su amigo.

“Tenemos una sorpresa para ti, querido amigo. Al amanecer, te esperamos en la casa de la cucaracha” dijeron emocionadas.

El saltamontes se llenó de curiosidad, así que al día siguiente se levantó lo más temprano que pudo, y fue corriendo al lugar donde acordaron verse.

Cuando entró, vio que tenían una caja de regalo sobre la mesa. “Ábrelo” dijeron al mismo tiempo sus amigas.

Y así lo hizo. Al abrir la caja, vio unos artefactos muy extraños, que lo extrañaron mucho. Sus amigas los sacaron, y le explicaron lo que el búho les había dicho.

Poco a poco fue comprendiendo lo que querían decir. ¡Estos artefactos podrían ser la solución a su problema!

Salieron al patio, y se pusieron a practicar los saltos con los muelles. Después de varios días de practicar, y de muchas caídas, el saltamontes logró brincar como todos los demás de su especie.

Gracias a sus amigas compendió que todo problema tiene solución si se tiene fe y con mucho esfuerzo, junto al apoyo de grandes amigos.

EL SALTAMONTES Y LAS MUELLES

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