Las nueces del mercado

LAS NUECES DEL MERCADO

Cuento de Las nueces del mercado

Amiguitos, si están buscando dónde comprar las nueces del mercado más hermosas, tienen que visitar el pueblo del que les voy a hablar en esta historia.

En él, todas las semanas se pone un mercado muy grande, en donde muchos de los habitantes del pueblo llevaban a vender e intercambiar los mejores productos que obtenían.

Ellos mismos cosechaban en sus campos, cortaban de sus árboles, u obtenían de sus animales. Todos los productos que ahí vendían eran de la mejor calidad y las nueces del mercado eran geniales.

En este pueblo vivía la señora Coneja, que se encargaba de vender nueces. Ella tenía un bosque lleno de nogales a las afueras del pueblo que cuidaba con toda su vida.

 Cuando llegaba el otoño, se pasaba días recolectando todas Las nueces del mercado que podía. Tenía que hacer varios viajes para recogerlas todas, pero valía la pena.

En su puestito en el mercado, podían encontrar nueces preparadas de muchas maneras: las vendía tostadas, sin tostar, asadas, con caramelo, hacía pasteles de nuez, y muchos otros platillos.

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La señora Coneja era muy amable, siempre se preocupaba por lo que sus vecinos y los demás vendedores necesitaban, y ellos le correspondían visitándola en su puesto, y viendo que no le faltara nada.

Su forma de ser, lo dedicada que era hacia sus nueces, lo rico que quedaba todo lo que cocinaba con ellas, y lo sanas que eran hacía que vendiera mucho todos los días que ponía su puesto.

Con todo el dinero que lograba juntar, podía invertir en mejorar sus nogales con abono, protegerlos con rejas, transportar las nueces rápidamente.

Su negocio era muy productivo, así que también era muy agradecida por lo bien que podía vender las nueces del mercado.

Pero la suerte no iba a estar siempre con ella, y un día, todo lo que podía ir mal en su negocio, sucedió. Acababa de terminar de recoger el cargamento más grande de nueces, y lo colocó en su puesto,  cuando comenzó una terrible tormenta.

Todos los comerciantes comenzaron a correr hacia todos lados, con la esperanza de poder quitar sus puestos antes de que la lluvia mojara su mercancía y la arruinaran.

Cada uno se preocupó por su propio puesto, así que nadie podía ayudar a los demás comerciantes.

La señora Coneja ya no tenía la habilidad que años antes poseía, y tenía dolores propios de su edad, por lo que al intentar correr de la lluvia, tiró su puesto completo.

Intentó recoger lo más que pudo, pero la tormenta era tan fuerte que tuvo que correr a refugiarse en su casa.

Pensó en esperar a que se terminara la lluvia para recoger sus nueces y todo lo que se quedó, pero la tormenta duró toda la noche y aún algunas horas de la mañana.

Esto hizo que se pusiera muy triste, ya que sus productos se iban a mojar, y así no los podría vender. Si esto sucedía, ella perdería una gran cantidad de dinero y no podría invertir en el abono y todo el material que necesitaba.

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Los pájaros, que eran amigos muy cercanos de la señora Coneja, vieron como no pudo recoger las nueces del mercado del suelo, así que se propusieron a ayudarla.

Ella los había ayudado cuando sus nidos se habían caído por la nieve en el invierno, así que no podían dejarla sola y juntar Las nueces del mercado.

En cuanto la tormenta pasó, todos los pájaros corrieron a levantar las nueces. Vieron que estaban muy mojadas, así que las colocaron en lo más alto de los árboles y las dejaron secar ahí, al rayo del sol.

En la tarde, cuando las nueces del mercado ya estaban secas, las llevaron a la puerta de su casa. La señora conejita estaba muy contenta, y agradeció a sus amigos pájaros preparándoles una gran cena.

Al día siguiente, la señora pudo volver a poner su puesto, y gracias a que todos sus vecinos corrieron la voz del mal momento que había pasado, mucha gente acudió a comprarle para ayudarla a recuperarse.

Incluso los vecinos del pueblo siguiente fueron a comprarle. Y ahí se dio cuenta de que sus buenas acciones habían sido correspondidas por todos sus amigos.

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